En la primera página de nuestro diario de viaje de Cerdeña empieza con: 12/04/2019. Sin embargo, lo cierto es que este viaje ya había comenzado meses antes. Un viaje no empieza una vez que llegas al destino ni cuando sales por la puerta de casa con tu maleta. El verdadero inicio de un viaje es el momento en el que nace la idea; cuando, de entre todos los posibles destinos que se barajan, uno de ellos se sitúa sobre los demás. 

 

 

El inicio de un viaje: ¿A dónde nos vamos?

En el caso de nuestro viaje por Cerdeña, ese momento fue en las Navidades de 2018. Ya llevábamos un tiempo pensando en nuestras vacaciones de Semana Santa (sí, somos de planear con tiempo para que los billetes salgan baratos ;)) y lo que teníamos claro era que queríamos hacer un nuevo viaje en bicicleta. A esas alturas, habíamos llegado a la conclusión de que, para llevar las bicicletas, era más barato un ferry que un vuelo, por lo general. Así que andábamos buscando una isla por la que rodar y mirábamos sobre todo las Baleares. Pero, durante ese proceso de búsqueda de billetes, nos dimos cuenta de que ir a Cerdeña era bastante más barato que cualquiera de las islas Baleares. No os vamos a engañar: la economía fue la principal razón de nuestra elección. Pero oye, Cerdeña también es bonito, ¿no? 😀
Flor solitaria en Cerdeña

Flor solitaria en Cerdeña

Arrancamos…con una “irenada

La emoción de un nuevo viaje hizo que los dos llegásemos antes de la hora de quedada a la estación de autobuses de nuestra ciudad, Zaragoza. Una bicicleta con alforjas, ropa de deporte y una sonrisa de oreja a oreja. Por fin ha llegado el día, tras casi 4 meses desde que compramos los billetes. Teníamos mucho tiempo antes de que saliera el autobús para desmontar las bicicletas y meterlas en sus bolsas. Pero el momento jauja duró muy poco, hasta que a Israel le dio por preguntar: Pagaste por las bicicletas, ¿no? A lo que yo le respondí con cara de no saber a qué se refería. Lo había vuelto a hacer: otra “irenada” típica de los viajes. 

 

Tras pagar lo correspondiente al transporte de las bicis y un poco más por el error, por fin pudimos sentarnos tranquilos en el autobús. En fin, otra cosa que jamás nos volverá a pasar a la lista. 

 

Al llegar a la estación de Sants, ya de noche, volvemos a montar rápidamente las bicis y nos ponemos rumbo al puerto. Aunque las grandes ciudades no nos gustan nada para ir en bicicleta, fuimos casi todo el rato por carril bici. Patinetes eléctricos, bicis urbanas de alquiler, más patinetes… ¿Cómo? ¿¿Eso es un tándem?? ¿¡Con alforjas!? 
No encanta el cicloturismo

En Bosa. ¡Viva el cicloturismo!

Al montar nuestras bicis en el ferry, vemos que ya hay unas cuántas en él, y por detrás de nosotros aún vienen varias personas más con las suyas, incluida la pareja del tándem. Nos sorprende que haya tanto cicloviajero, y tanto cicloviajero yendo a Cerdeña. El ambiente que se crea cuando nos cruzamos con otras personas viajando en bicicleta es curioso. Aunque no nos conocemos de nada, nos da la sensación de que pertenecemos a un mismo equipo. No podemos evitar saludarnos tímidamente, con una mirada cómplice, y con algunos incluso nos contamos la ruta que tenemos planeada, a ver si coincidiremos por el camino.

Calvario en el ferry

Eran más de las 11 de la noche, y por supuesto nosotros no teníamos ni camarote ni butaca. Tocaba buscar un hueco para pasar la noche. Nos dirigimos a la sala de estar, bastante grande con muchos sofás acolchados. Por suerte, la gran mayoría de los pasajeros tenían reservados sus camarotes, así que parece que no vamos a tener demasiados vecinos aquí roncando. Cuando ya nos íbamos a acomodar en un sofá en una esquina tranquila de la sala, se acerca un trabajador del barco y nos comunica que la sala está reservada para un grupo de 1600 estudiantes italianos para hacer una fiesta. ¿¡Cóóóóómo!? ¿¡1600!?
Un claro caso de “parecía que sí”. No había ningún lugar habilitado para que pudiéramos estar los que teníamos el billete básico. Sálvese quien pueda. Al final acabamos echando la esterilla y el saco en un rincón de la sala de butacas. La verdad es que hemos dormido en sitios mejores, pero bueno, no nos íbamos a poner tiquismiquis a estas alturas. Lo malo fue que justo al lado de nosotros estaba la puerta de los baños, lo que hizo que constantes portazos y ráfagas de luz acompañaran nuestros sueños. ¡Ay, qué calvario!
El sur de la isla no es muy fotogénico

Paisajes del sur de Cerdeña

A la mañana siguiente, a pesar de que habíamos dormido más bien regular, no nos costó largarnos de aquel lugar. Israel durmió peor que yo, que tengo un título profesional de “dormir en cualquier lugar del mundo”. Cada persona destaca por unas habilidades u otras, y ésta, sin duda, es una de mis grandes dones. Y muy útil cuando viajas 😉 
La travesía duró más de 12 horas, y llegamos al destino, Porto Torres, al mediodía. Sólo teníamos una hora y pico para llegar a la estación de trenes y empezar un trayecto de 4 horas, para cruzar toda la isla hasta Cagliari, una ciudad al sur de ésta, desde la cual por fin empezaríamos a pedalear. Estos traslados hasta el punto de inicio son los peores momentos; es cuando más estrés pasamos, por tener que ir de un lugar a otro en poco tiempo, y la verdad es que se hace largo. ¡Que queremos ir en bicicleta ya! 

 

 

Quizás vosotros también tengáis ganas de que hablemos de nuestro viaje en bicicleta, pero eso lo dejamos para el próximo post. Pero os adelantamos un detalle: la primera noche en ruta no acampamos, como teníamos previsto, sino que terminamos durmiendo en casa de una familia sarda 😀
¡Nos vemos en la próxima entrada!