¿Conocéis la terapia “shinrin“? Es una terapia originaria de Japón, y traducido literalmente sería algo como “terapia del bosque”. Hay estudios científicos que demuestran que el bosque tiene efectos positivos en nuestra salud, y en esta terapia se incluyen diferentes actividades como el deporte, la relajación, el yoga o la aromaterapia, según las necesidades de cada persona, pero todo ello realizado dentro del bosque. 

Nosotros no somos expertos en este tipo de terapias ni mucho menos, pero creemos fielmente en el poder curativo de la naturaleza, al menos en nosotros mismos. Notamos que el simple hecho de estar en un bosque, rodeados de naturaleza y lejos del ajetreo y la artificialidad de las ciudades, tiene efectos positivos en nuestro bienestar.  

Como por ejemplo, cuando salimos a escalar, cuando nos sumergimos en las profundidades del mar, cuando descubrimos nuevos países a través de nuestras bicicletas,…

 

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Desconectarnos de la conexión

No es casualidad que muchas personas entiendan por “desconexión” alejarse de la ciudad y todo lo que ella conlleva: las prisas, el ruido, el estar todo el día conectado a las redes, el aire contaminado… Cuando nos vamos de escapada, no solo nos estamos distanciando de todos estos elementos de los que muchos estamos cansados, sino que nos estamos adentrando en la naturaleza, en el bosque. Y todo lo que nos rodea allí es opuesto a lo que estamos acostumbrados en nuestro día a día. En la naturaleza hay tranquilidad, silencio, soledad y aire puro. 

Las grandes enfermedades de nuestra época son la ansiedad y la depresión, y estamos convencidos de que tiene mucho que ver con lo lejos que se encuentra nuestra vida de la naturaleza, entre otros factores. El ser humano vivió durante miles de años rodeado de naturaleza, por lo que nos parece totalmente lógico que nuestro organismo la eche de menos. ¿No creéis?

Nuestra terapia “shinrin” particular

Independientemente de que sea lógico o no, o que se demuestre científicamente o no, lo que podemos decir sin lugar a duda es que nosotros sí que nos sentimos mejor cuando nos vamos, por ejemplo, a la montaña. 

De hecho, a pesar de que nuestros trabajos no nos lo ponen nada fácil, intentamos pasar todos los fines de semana que podemos fuera de la ciudad. Los colores, los olores y las luces que llenan la montaña y los bosques nos invitan, sin que apenas nos demos cuenta, a no pensar en nada más que en lo que estamos sintiendo en el momento, a no mirar el reloj, a disfrutar de los ratos en los que no hacemos “nada”, a que nos olvidemos del móvil…  

Y esta es la “terapia” que nosotros necesitamos: desconectar del mundo para conectarnos con nosotros mismos, con el aquí y el ahora, con la Pachamama 😉

Enganchados

Aunque no nos guste reconocerlo, estamos enganchados al móvil y a la red, y estamos siendo arrastrados por los ritmos de la sociedad actual. Además, como la gran mayoría de la gente, pasamos muchos de los días en piloto automático, sin prestar atención a todo lo que ocurre y hacemos. 

Viviendo en esta sociedad frenética, es normal que acabemos teñidos de todos sus defectos, pero lo importante es reconocerlo y aceptarlo, y buscar ratos y maneras de compensarlo. Y nuestra forma de hacerlo es rodearnos de naturaleza para pisar el freno y saborear más 🙂

Y, aunque hayamos hablamos de las enfermedades del siglo XXI, así como del poder “curativo” de los bosques, también creemos que es muy importante prevenir, y eso es lo que tratamos de hacer con nuestras escapadas. 

Selva de Irati

La última escapada que realizamos, aprovechando el puente de Todos los Santos, fue en la selva de Irati, en el pirineo navarro. Salimos de Zaragoza el sábado por la tarde para llegar de noche y dedicamos la jornada del domingo a pasear por los bosques de Irati, disfrutando del buen día que nos hizo y de la bonita naturaleza otoñal. 

Como veis, fue una escapada express, a causa de nuestras obligaciones laborales, pero aún así pasamos unos ratos geniales, y es que no fuimos solos… ¡Se animaron 8 amigos a compartir este fin de semana con nosotros! Aunque nos sienta muy bien estar “a solas” con la naturaleza, una buena compañía siempre es agradable 🙂 

Y en cuanto a los poderes terapéuticos de la selva de Irati, fueron más que evidentes. Veníamos de pasar una semana gélida, pero durante todo el día nos acompañó el sol para calentarnos el cuerpo y el alma. El paisaje era precioso: los árboles de haya luciendo sus colores otoñales, las alfombra de hojas secas, el musgo adornando con su verde vivo las rocas… Y, aunque esperábamos encontrarnos con mucha gente por se puente, por suerte no fue así. Se respiraba una enorme tranquilidad que nos hacía olvidar del ajetreo del día a día. 

La experiencia nos ha encantado, y seguro que haremos más escapadas como esta para seguir con nuestra pequeña terapia shinrin y cuidar de nosotros mismos. ¿Nos recomendáis algún sitio bonito y tranquilo para hacerlo? ¿Quién se animará la próxima vez? 😉

 

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