Comenzamos con la tercera parte de esta pequeña serie de entradas sobre el viaje en bicicleta por Mallorca que hizo Israel en febrero. Si no habéis leído la Parte I y la Parte II, os recomendamos hacerlo antes para no perderos información 😉

Sin más dilación, os dejamos con esta Parte III. ¿Habrá terminado ya de sufrir incidentes, o seguirá acompañándolo la mala suerte? ¿Habrá descubierto más paisajes bonitos, o se habrá encontrado con playas llenas de hoteles? ¡Vamos allá!

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El renacimiento

Comienza un nuevo día, y tras atiborrarme en el buffet libre, dejo la bicicleta en la famosa tienda. Tres horas más tarde, está en perfectas condiciones de nuevo, lista para recorrer más kilómetros 😀

Dejando la playa a mi espalda, me interno por una carretera hacia el interior y, más tarde, cruzo la ciudad de Artá, una pequeña ciudad de interior, culminada por una impresionante catedral gótica. Pasan las horas recorriendo una carretera recta, monótona, pero con cierto encanto de soledad, de más de 30 kilómetros, con un día gris, en el que probé algunas tímidas gotas de agua, que no se decidieron a caer en forma de lluvia. Hasta llegar a Can Picafort, una propuesta exponencial de lo que puede ser un lugar de playa, masificado y explotado hasta la más diminuta parcela de terreno.

Can Picafort y Alcudia se encuentran rodeando el parque natural de S’Albufera que, por lo que veo en el mapa, es una extensión enorme donde el bosque se une con la playa. Promete ser un paisaje espectacular. Pero, al llegar, veo que el maravilloso progreso ha llegado también a los parques naturales, implantando en primera línea de playa diversas urbanizaciones y cientos y cientos de hoteles, restaurantes y discotecas; una auténtica lástima.

La protagonista de esta historia, la bicicleta

La protagonista de esta historia, la bicicleta

Los refugios VIP de Mallorca

Después de repostar comida en Alcudia, me dirijo hacia un refugio de montaña para pasar la noche. Ascendiendo más de 3 km de pistas por otro parque natural, donde se anuncia claramente que está prohibido acampar, pero encuentro grandes mansiones, cotos de caza privados e incluso un campo de golf. Acampar no, que destruyes la naturaleza, pero grandes obras… adelante. Lo que os decía: “poderoso caballero es Don Dinero”.
Al llegar al refugio me encuentro con un coche, y dentro del refugio, una pareja que está encerrada dentro. Al decirles que me abran, me dicen que no, que ellos han reservado el refugio por la friolera de 36€ la noche, y que es una práctica habitual en la isla. De hecho, es el Gobierno de Baleares quien gestiona estos refugios. Y no os penséis que son casas perfectamente acondicionadas; todo lo contrario. Más podrían parecer refugios de pastores, en los que no hay ni agua potable ni corriente eléctrica, donde con un poco de suerte, encuentras un catre para pasar la noche. Así que, ojiplático como me encuentro ante la situación, despliego la tienda de campaña en una fuente cercana bajo un pequeño techo, que me ayuda a pasar la noche y a resguardarme de unas gotas de lluvia que caen de nuevo por la noche.

Siempre queda tiempo para la cultura en los viajes

Siempre queda tiempo para la cultura en los viajes

Pollença y el inicio de la montaña

Un nuevo día se despierta. Tras realizar algunas fotos y tomar unas imágenes de la playa des Coll Baix, que puedes ver aquí,  me encuentro con un grupo de limpieza que, armados con escopetas de cartuchos, se dedican a disparar a diestro y siniestro, hacia las copas de los árboles, para acabar con los nidos de procesionaria. El lugar parece un escenario de guerra, y huyo a toda velocidad hacia el último pueblo antes de adentrarme en la sierra de la Tramuntana. Pollença es un típico pueblo costero que ha desarrollado algo de turismo, pero que conserva todavía encanto y tranquilidad, sobre todo fuera de temporada. El mayor atractivo es el cabo de Formentor, un faro y una península que se internan en el mar Mediterráneo pero que, lamentablemente, por falta de tiempo en este viaje, no pude visitar. Así que habrá que dejarlo para otra ocasión. Siempre es bueno dejar cosas para visitar en otra ocasión; así tienes una excusa para volver de nuevo a los sitios 😉

La sierra de la Tramuntana nos ofrece otra visión de la isla.

La sierra de la Tramuntana nos ofrece otra visión de la isla.

Comenzando con la sierra de la Tramuntana, me doy cuenta de que la dureza de esta sierra no van a ser sus desniveles o sus rampas, ya que las dos se mantienen dentro de unos límites coherentes, no como las rampas del 17% que nos encontramos en Escocia.

Lo más duro de subir un puerto es el peso de la bicicleta y de todas las alforjas. En este punto concretamente, me di cuenta de lo importante que es llevar un material adecuado cuando vas a recorrer muchos kilómetros en bicicleta y cómo cada kilogramo de peso y cada centímetro que sobresale de la bicicleta cuentan.

Sigue la cadena de desastres

Pasé la noche en un refugio de montaña, el refugio des Amies. Esta vez sí era refugio guardado, con precios asequibles (20€ con desayuno incluido), debido a las bajas temperaturas que se esperaban esa noche, al encontrarme en uno de los puntos más altos de la isla (a 1200 m de altura se esperaban temperaturas de -1ºC).

A la mañana siguiente, me preparo para lo que será la etapa más épica de este viaje, con más de 2000m de desnivel, carreteras de montaña, ibones (lagos de montaña) y unas vistas asombrosas. Sin embargo, la dama de la mala suerte, a la cual había perdido de vista los dos días anteriores, logra encontrarme de nuevo, y me doy cuenta de que tengo un radio de la bicicleta partido. No tendría gran importancia si no fuera por los kilos de más que llevo en la parte trasera de la bicicleta y las malas experiencias que ya he vivido en este viaje. Pero, siendo ésta la situación, muy a mi pesar, decido descender de la sierra hasta la población más cercana, Inca, donde seguro pueden arreglarme este pequeño desaguisado.

Visión nocturna desde el albergue de “Des amies”

Visión nocturna desde el albergue de “Des amies”

Con la bici arreglada de nuevo, continúo mi viaje paralelamente a la sierra y divisándola desde lejos, lo que me deja unas vistas impresionantes y unos bonitos recuerdos. A veces las montañas también son bonitas desde la distancia 😉

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Bueno, ya veis que es imposible viajar y que no ocurra ningún contratiempo. Por eso mismo nos gusta viajar con tiempo, para que no tengamos que ser presos del tiempo y poder ser flexibles, cambiando de planes si la situación lo requiere. Si viajamos para disfrutar, no tiene sentido estar estresados, ¿no?

La semana que viene publicaremos la cuarta y la última parte de esta mini-serie. Sabemos que más de uno la está siguiendo como si fuera Juego de Tronos 😛 Podéis dejarnos comentarios y contarnos qué os están pareciendo los capítulos 😉