Último capítulo de mi viaje alrededor de Mallorca en bicicleta. El viaje llega a su fin, no sin antes imponer la última prueba y dejar tiempo para unas reflexiones finales. Si no has leído los capítulo anteriores, aquí tienes el enlace.

Y si quieres ver las imágenes del mismo viaje, ¡no te pierdas los vídeos!

 

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De nuevo, por la sierra de la Tramuntana

Nuevo día y, de nuevo, vuelvo a ascender hasta la sierra de Tramuntana, pero esta vez por la parte más occidental, justo al norte de Palma, donde recuerda más a la costa brava que a los Pirineos. En esta zona, los puertos son más bajos pero las vistas continúan siendo maravillosas. Con las pequeñas montañas bañadas por las olas del mar, descubro pueblos que conservan toda la esencia de la isla, como Bañalbufar, donde existen terrazas elaboradas por el hombre y que utilizan los habitantes de la zona para realizar cultivos; o un horizonte de película, donde se divisan varios cabos que se internan en el mar, encubiertos por una bruma salada que despiden las olas del mar.

La sierra de la Tramuntana nos ofrece otra visión de la isla.
La sierra de la Tramuntana nos ofrece otra visión de la isla.

Dejando este pueblo atrás, continúo por la carretera hasta un desvío, donde un camino de tierra y una pendiente de más de 15% se impone ante mí. Tras sufrir un poco en el acceso y continuar por el camino, llego hasta una zona de senderismo, en el que encuentro un refugio (esta vez sí; refugio, refugio). Recojo algo de leña por la zona y enciendo un fuego en la chimenea, lo que caldea un poco el ambiente. Fuera, aunque estoy cerca del mar, todavía estoy a unos 300m de altura y, rodeado de árboles en una zona algo sombría, parece que por la noche bajan las temperaturas.

La cueva de los piratas

Tras una noche bastante tranquila, aunque me desperté un par de veces a causa del frío, por lo que tuve que revivir el fuego, y una vez que me despertó algún animalillo rascando la pared del refugio.
Sin apenas darme cuenta, mi viaje estaba llegando al final y me encontraba a unos pocos kilómetros de Palma de Mallorca, donde descubrí una cala muy particular, la cala de Portals Vells.

Nubes sobre el pueblo de Pollença

Nubes sobre el pueblo de Pollença

Por un lado, había unas formaciones rocosas que el mar se había encargado de alisar, creando una especie de pequeñas cuevas en las que podías sentarte a contemplar el mar.

Por el otro lado, lo contrario; una cueva enorme con techos de más de 2 metros de alto, en la que había tallado una especie de altar, cuya realización se atribuye o a unos piratas que rezaron a la virgen para encontrar un refugio durante una tormenta, o a unos caballeros templarios que realizaban misteriosos rituales en la zona. Ya veis que todo muy místico.

Cuando cae la noche, busco un escondite para mi tienda de campaña y compruebo que la noche es más fría de lo que imaginaba. Así que, recurriendo al ingenio, recubro el saco de dormir con la funda de la bicicleta, obligatoria en el viaje en tren, lo que me proporciona una temperatura óptima para el descanso.

El final del camino y el último desastre

Último día de viaje. ¿Último? ¿Ya? ¿¡En serio!? Los días pasan rápido cuando estás disfrutando de lo lindo, pero la isla no me iba a permitir irme tan feliz y contento. Justo antes de iniciar el último tramo en bicicleta, la apoyo en una señal de la carretera para lavarme los dientes (un pequeño olvido), con tan mala suerte que resbala y golpea el desviador del plato, deformándolo y dejándolo inservible. ¡No puede ser! ¡Pero qué tipo de prueba es esta! Para solucionar el problema, tengo que sacrificar el cambio delantero y sujetarlo con una cuerda; un apaño de emergencia para hacer los apenas 20 km que me quedaban para llegar a Palma.

 

Atardece en Mallorca: el día llega a su fin, al igual que el viaje

Atardece en Mallorca: el día llega a su fin, al igual que el viaje

Solucionado el último desastre, puedo disfrutar de unas horas de relax por las calles de Palma, gozando de su gastronomía, de la playa y del maravilloso tiempo que nos proporciona el calentamiento global, por el que seguro pagaremos un alto precio más adelante.

Cogí el ferry de vuelta a media noche para llegar al puerto de Barcelona a la mañana siguiente. Aquí termina mi viaje: mi primer viaje en solitario, mi primer viaje por Baleares… Pero estoy más que seguro de que no será el último 

Conclusiones

Viajar en bicicleta no es nada glamuroso. En un tiempo en el que las apariencias son más importantes que las propias experiencias, mostramos solo lo que deseamos que vea el resto. Paisajes espectaculares, carreteras de ensueño, lugares de acampada idílicos… Pero detrás de cada imagen hay mucho más: incomodidad del sillín de la bicicleta, cuestas interminables, lluvia, frío, viento -casi siempre de cara-, tiempos de soledad… Pero, sin embargo, paradójicamente, este sufrimiento hace que sepamos apreciar mucho más el viaje de lo que lo hacemos habitualmente. Existen momentos que se quedan grabados en tu memoria con gran intensidad y, si te esfuerzas, eres incluso capaz de revivir cada kilómetro de tu aventura, recordando cómo los paisajes iban cambiando lentamente. La verdad, hablándote con franqueza, no sé qué tiene esto de viajar con bicicleta, pero engancha