Durante las vacaciones de Semana Santa del 2017, nos fuimos de viaje juntos por primera vez. El destino fue Marruecos, y básicamente lo elegí yo porque él no tenía ningún lugar en mente en esos momentos y yo sí que llevaba varios años deseando conocerlo, así que no fue nada difícil convencerlo.

Tenía ganas de viajar a Marruecos porque un buen amigo mío, que fue mi compañero de piso en Málaga, es de allí. Después de vivir con él, hubo varios intentos de visitarlo, pero por una razón u otra no se había hecho realidad. Además de que hacía varios años que no veía a mi amigo y tenía muchísimas ganas de hacerlo, también sentía mucha curiosidad por conocer su lugar de origen, las calles en las que pasó su infancia, la cultura que había influido en que fuera una persona tan particularmente maravillosa 🙂

Así que nuestro viaje tuvo dos partes: la primera mitad la pasamos en casa de mi amigo, cerca de Casablanca, y lo aprovechamos para visitar esta ciudad, para pasar tiempo con él y ponernos al día y para conocer un poco su día a día; y la segunda mitad la dedicamos a visitar otras ciudades y pueblos.

El viaje

Volamos desde Barcelona a Tánger porque fue lo más barato que encontramos para esas fechas. Reservamos un coche pequeño para poder recorrer el país libremente, ya que nuestro tiempo era limitadisimo para un país tan grande.

Hay que decir que, obviamente, no vimos “todo el país” ni mucho menos. Nos centramos en la parte norte por varias razones:

  1. Nuestra prioridad era visitar a mi amigo,
  2. Nuestro viaje tenía que empezar y terminar en Tánger por los vuelos 
  3. En el norte había un pueblo que quería visitar sí o sí, Chefchaouen. Podíamos haber intentado visitar otros lugares como Marrakech, Essaouira o el desierto, y ganas no nos faltaban, pero entonces íbamos a tener que ir corriendo de un lado a otro y hacer enormes distancias con el coche. Nosotros preferimos ver más tranquilamente el norte, además, así tenemos excusas para volver a Marruecos 😉

La idea de alquilar un coche fue un acierto total, porque gracias a ello no solo disfrutamos de los lugares en los que paramos, sino también del camino entre ellos. Antes del viaje, en nuestras cabezas ignorantes existía una idea muy fuerte de “Marruecos=desierto”, y aunque éramos conscientes de que no íbamos a ver el desierto como tal, creíamos que el paisaje iba a ser siempre marrón. Para nuestra sorpresa, la paleta de colores de Marruecos es mucho más variada. En el paisaje marroquí había muchos tonos de marrón, sí, pero también había blancos, azules, verdes… Nosotros no somos las personas más habladoras del mundo y menos cuando vamos en coche, pero era imposible aburrirnos porque cada X tiempo el paisaje cambiaba completamente. Montañas, prados, bosques, la “nada”… Nosotros decidimos viajar en coche por una cuestión de comodidad, pero gracias a esta decisión pudimos conocer el país un poquito más y disfrutar de sus distintas facetas.

Los alojamientos

Otra cosa que hicimos bien fue no coger de antemano los alojamientos. Mi amigo me había comentado que no tendríamos problema en encontrar un sitio para dormir una vez llegáramos a cada sitio, así que, aunque siempre te queda esa inseguridad de: “¿y si no encontramos nada?”, le hicimos caso. Y esto nos dio la libertad de poder decidir sobre la marcha cuánto tiempo pasaríamos en cada ciudad o pueblo. De hecho, la idea inicial era pasar una noche en cada lugar pero sobre la marcha decidimos quedarnos dos noches en uno de ellos porque nos gustó mucho (de esto hablaremos en uno de las siguientes entradas ;)). Esto, que parece una tontería, no habría sido posible si hubiésemos reservado todos los alojamientos antes comenzar el viaje. Así que, ¡punto positivo a la improvisación!

La conclusión de nuestro viaje es que se nos hizo muy corto. Es imposible conocer a fondo un país o una cultura, en un viaje de 8 días, y obviamente ni pretendíamos hacerlo. Pero nos sorprendió tanto su variedad de paisajes y nos encantó ver una cultura tan diferente a la nuestra y a cualquier otra que habíamos conocido antes, que nos quedamos con las ganas de vivir una temporada más larga allí. Seguro que volveremos, tanto para poder ver la parte sur que se quedó en nuestra lista de sitios pendientes como para seguir descubriendo más y más su cultura.