Durante el verano del 2017, realizamos nuestro primer viaje en furgoneta. Hemos tardado un poco, pero por fin llega una entrada sobre aquel viaje 😀 

 

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¿Cómo surgió este viaje?

Israel ya tenía una furgoneta desde hacía años, Berta, y la tenía reformada -aunque de manera bastante rudimentaria- para poder dormir en ella. Solía hacerlo sobre todo cuando iba al monte, para poder ahorrar en alojamiento. 

La idea de viajar en furgoneta surgió de rebote. Uno de los sueños de Israel era viajar en bicicleta por Escocia, así que un día nos pusimos a mirar vuelos, a ver cuánto nos costaría ir con nuestras bicis hasta allí.

No encontrábamos ningún vuelo a un precio que se ajustase a nuestro presupuesto; si los vuelos ya eran caros, llevando dos bicis a bordo, mucho más. No había vuelos directos, así que los costes de llevar las dos bicis en el avión se multiplicaban por dos. Vamos, que imposible para nosotros. 

Un día, dije sin pensar demasiado: “¿Y cuántos días tardaríamos en llegar a Escocia en coche?”. Israel me miró primero con cara rara, pero a los segundos dijo: “pues igual no es una mala idea”. 

Así comenzó nuestro viaje en furgoneta, empezando por la planificación del viaje hasta llegar a la realización del propio viaje, pasando por la reforma de Berta. Y tras muchas horas de investigación y debate, el plan final fue este: 

No está nada mal, ¿no? Pues si somos sinceros, dentro de los pocos viajes que hemos hecho los dos juntos, está en un puesto bastante bajo. ¡Que no cunda el pánico! No queremos decir que viajar en furgoneta no nos haya gustado; nos gustó, sin duda. Lo que pasa es que el planteamiento que hicimos nosotros no fue del todo acertado. A continuación, os contamos por qué.

Pasear por París es meterte en la película de Amelie 😀

Demasiada distancia

Creemos que, para el tiempo del que disponíamos, que no era poco (un mes), casi 6000 km eran demasiados. Fueron muchas horas en coche, no podíamos parar tranquilamente en cualquier sitio que nos llamara la atención o dormir en un sitio cercano al de la noche anterior porque “había que avanzar”. Al cabo de los días, nos dimos cuenta de que pasábamos más tiempo en coche que visitando lugares.

¿Qué sentido tenía esto? Ninguno. Un viaje donde el mero traslado de un lugar a otro es el protagonista, no estaba bien planteado. Además, el único que conducía de los dos era Israel, así que ¡no me quiero ni imaginar lo pesado que se le tuvo que hacer!

Mucho ver y poco hacer

Durante el mes que duró el viaje, estuvimos en muchos sitios. Sin embargo, eran casi siempre visitas express, porque “había que avanzar”. No podíamos explorar a fondo cada sitio y disfrutar de él, sino que nos limitábamos a ver los lugares famosos y típicos que ya habíamos visto en mil fotos. 

En un momento dado, nos dimos cuenta de que solo ver y, sobre todo, ver rápido no era nuestra forma de viajar. Necesitábamos “hacer” más, ser agentes activos de nuestro viaje y no unos meros espectadores de lugares que se supone que son interesantes o bonitos. Si no hay tiempo para ver y hacer todo lo que quisiéramos, como era el caso, nosotros preferimos pasar de los monumentos y realizar alguna actividad. Esta fue una pequeña revelación que marcaría el estilo de nuestros futuros viajes 😉 

El desayuno en la furgo…cada día en un lugar diferente 🙂

Viajar en bicicleta

Aunque ya hemos hablado en algunos posts sobre cicloturismo, nunca nos cansaremos de contarlo 🙂 Como personas “culoinquietas” que somos, y teniendo en cuenta que nos encantan las actividades deportivas al aire libre, nos gustó muchísimo viajar en bicicleta. Es verdad que no puedes viajar tantos kilómetros ni tan rápido, pero saboreas más cada metro que te has ganado con esfuerzo. Una de las características románticas del viajero-aventurero es ese querer “sufrir” un poco… ¿No os parece? 

Impresionantes paisajes grabados en nuestra memoria

Impresionantes paisajes de las Highlands grabados en nuestra memoria

Habrá mucha gente que, cuando se va de vacaciones, quiere tener todas las comodidades que no puede tener en su día a día. Sin embargo, nosotros encontramos un enorme encanto en esforzarnos, sudar y sufrir un poquito para llegar a lo alto de un monte y poder ver un paisaje espectacular.

¿Seremos masoquistas? Es posible. Pero cuando probamos el cicloturismo sentimos un flechazo y nos dimos cuenta de que ésta sí que era nuestra manera viajar. Por supuesto que nos gustan también otras maneras de viajar, pero para nosotros es imprescindible que viajemos despacio 😉

Viajar en furgoneta… ¡mola!

Como hemos dicho antes, aunque este viaje se encuentre en los puestos bajos del ranking, la culpa no fue del hecho de viajar en furgoneta. Ya lo decían otras personas que habían viajado en furgoneta: levantarte cada día en un lugar diferente, sin saber dónde vas a dormir la próxima noche, es una sensación inexplicable y especial. Otro de los romanticismos del viajero es ese “no querer hacer viajes totalmente planeados”. Nos gusta dejar sitio para esos “ya veremos”, “sobre la marcha” o”¡fluyamos!” 😉

Aunque hayamos cometido errores de notavos a la hora de planificar este viaje, fue un buen ejercicio de autoconocimiento. Existen tantas maneras de viajar como viajeros, y no siempre sabemos lo que nos gusta hasta que lo experimentamos. 

En conclusión, os recomendamos que probéis a viajar en furgoneta si creéis que os puede gustar este tipo de viajes. Esperamos que nuestra experiencia sirva de ejemplo de lo que no hay que hacer, y planifiquéis un viaje que no se centre en el traslado, sino en otras actividades de las que podáis disfrutar más (ya sean de ver o de hacer). Nosotros sin duda volveremos a viajar en furgoneta, y seguro que irá mejor gracias a lo que hemos aprendido probando y equivocándonos 🙂 

La duna de Pilat, la última parada del viaje

¿Y tú? ¿A dónde te gustaría viajar en furgoneta? Si ya lo has hecho, ¿qué cosas cambiarías para el próximo viaje? 

 

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