¿Quién es Irene?

 

Buenas! Me llamo Irene, y os voy a contar un poco mi trayectoria de cómo he llegado a ser lo que soy en estos momentos. Seguramente han influido muchísimas más cosas en mi vida, pero considero que estas pueden ser las más importantes 😉

Nací en Japón y pasé mi infancia allí, hasta que terminé primaria. Después me mudé a Zaragoza y actualmente sigo viviendo aquí.

Mis amigos me definirían, entre otras cosas, como “culo inquieto”, y creo que tienen bastante razón: Empecé la carrera de Psicología en Teruel y estuve allí los dos primeros años. El tercer año lo cursé en Groningen, Holanda, con el programa Erasmus y el cuarto año en Salamanca, con la beca Séneca. Después hice un máster de Inteligencia Emocional en Málaga, pero no conseguí ningún trabajo relacionado con lo que había estudiado, así que entre el año 2014 y el 2016 me fui de voluntaria a Ghana dos veces, un total de 9 meses. Después volví a Zaragoza y he tenido una temporada de estar más quieta, durante la que he estudiado el máster de profesorado de educación secundaria, en concreto, la especialidad de orientación educativa.

Me encanta la naturaleza, y mi amor por la montaña se lo debo a un campamento de verano al que he ido casi todos los años desde que llegué aquí, los primeros como acampada y después como monitora. Me gusta practicar deporte en la naturaleza más que en la ciudad, así que el montañismo y la escalada son algunos de mis favoritos. Siempre me ha gustado la playa también, pero desde que empecé a bucear en el verano del 2017, estoy descubriendo el mundo marino…y ¡me está encantando!

Otras cosas que me gustan son la fotografía, las plantas, la costura, la cocina…y comer, ¡por supuesto!  Hace un tiempo hice un cambio de chip, y ahora intento causar el menor daño posible al medio ambiente, así como a las personas con las que comparto el planeta. Para ello, trato de consumir lo justo y necesario, y lo que consuma que se haya producido de manera consciente y sostenible, aunque me queda un camino muy largo que recorrer aún!

Me encanta viajar y hacerlo de manera lenta. He llegado a un punto en el que no me basta con visitar los sitios más famosos de cada ciudad, sino que quiero vivir el día a día de los lugareños. Por eso, aunque quiera viajar a muchos  sitios, intento priorizar el poder conocer bien una cultura, sus costumbres, sus gentes… Por eso, a veces pienso que lo que quiero no es viajar a muchos sitios, sino vivir en muchos sitios.

Como veis, me gustan muchas cosas, me gusta la variedad.  Lo bueno es que me he dado cuenta de que no es necesario entre todas esas cosas que me atraen, que puedo construir mi vida incluyéndolas todas. Porque la vida es eso, como una macedonia de frutas 😉