Visitamos dos templos en Japón:  comparamos el famoso Senjo-ji situado en el barrio de Asakusa, Tokio, con un templo budista en el mismo barrio, pero algo más escondido. ¿La diferencia? el tiempo que dedicamos a cada uno de ellos.

El tiempo

Si hay algo de lo que realmente todos estamos seguros, es de que el tiempo es relativo. Pasa muy despacio cuando no estamos a gusto o ansiamos que llegue un momento concreto en el que tenemos alguna celebración importante o simplemente algo que deseamos con muchas fuerzas. En cambio, cuando estamos disfrutando de lo que hacemos o totalmente inmersos en alguna tarea, el tiempo vuela a una velocidad que apenas somos capaces de percibir, y cuando nos queremos dar cuenta, ya ha pasado ese momento que tanto esperábamos.

Pero ¿qué es lo que pasa mientras estamos de vacaciones, en algún lugar exótico o lejano? Por supuesto que queremos aprovechar todo el tiempo del que disponemos para visitar el máximo número de lugares, catedrales, templos, ruinas de antiguas civilizaciones, restaurantes típicos de la zona, excursiones en la naturaleza o monumentos conocidos, pero, ¿alguna vez te has parado a pensar en los motivos reales de tu viaje?

templo en japon

La entrada al templo de Senjo-ji

Muchas veces, al llegar a estos lugares tan famosos, me da la sensación de que me salgo de una realidad, para entrar en un parque de atracciones preparado para los turistas, en el que puedes contemplar esta maravilla arquitectónica o este edificio tan antiguo, nos juntamos con otros grupos de turistas, realizamos filas para que todos podamos disfrutar de las vistas o hacernos una foto para demostrar, ahora más que nunca, en las redes sociales, que hemos estado en ese lugar y que hemos disfrutado de ello. Además, sin alejarnos demasiado, podemos degustar especialidades culinarias para que la experiencia sea mayor, y podamos volver al hotel a descansar, para repetir nuestra rutina de turista en distintas ciudades durante todas las vacaciones.

 

Pero en el momento en que te sales del camino establecido por las agencias de viajes, el ritmo del tiempo cambia; las caras de las personas autóctonas ya no son una uniformidad de sonrisas falsas destinadas a que tus vacaciones sean un período de tiempo idílico, porque viven en la rutina de sus días, que han podido ser buenos o malos. Comienzas a ver situaciones más reales, lugares más auténticos impregnados por el día a día que te dan una pista más fiable de cómo es la vida y la cultura en otras partes del mundo.

Templos en Japón

Para muestra un botón. Durante nuestro viaje a Japón en el verano de 2018, disponíamos de tiempo suficiente para perdernos. Una mañana temprana, acudimos a visitar el templo Senso-ji, situado en el barrio de Asakusa. Es un templo grandioso que se construyó en la era Asuka, (aunque ha sido destruido y reconstruido varias veces posteriormente), compuesto por un templo principal con varios edificios y una torre enorme rodeándolo. Seguramente habrás visto alguna foto de su famosa puerta, Kaminarimon, con una linterna enorme en la entrada. El templo es magnífico, enorme, esplendoroso; sus colores brillantes, y lustrosamente pulidos, hacen las maravillas de los objetivos de tu cámara de fotos. Decenas de turistas esperábamos cerca de algún devoto para lograr captar el momento del rezo y poder tomar una fotografía.

Templo sintoísta

Templo anónimo en Japón

Pero después de esto, en vez de acudir a otro lugar igualmente concurrido, decidimos deambular por las calles, cuanto más solitarias mejor. Comenzamos a pasear y, después de un rato, alcanzamos a divisar lo que parecía un pequeño cementerio al final de una calle y, al acercarnos más, vimos que se trataba de un templo budista, casi tan grande como el que acabábamos de visitar, pero totalmente en silencio. Al entrar, nos encontramos con una ceremonia budista, en la que los monjes comenzaron a recitar sus mantras, mientras los fieles encendían polvo de incienso durante el rezo, impregnando toda la sala de una ambiente místico. El caso es que estaban celebrando el aniversario de algo que no comprendimos muy bien, y para rematar la faena, al salir del templo, nos ofrecieron un dulce de mochi con anko frito (pasta de judías envuelta en pasta de arroz) y un té frío para superar los calurosos días de Tokio.

La reflexión

Existen tantas maneras de viajar como viajeros, y es una opción renunciar a alguna de las “visitas obligatorias” y dedicar algo de tiempo a perderte, seguro que encontraras rincones escondidos, no tan espectaculares a primera vista, pero repletos de cultura y cotidianidad. Puede que no sean tan fotogénicos o conocidos, pero seguro que te aportan experiencias distintas que hagan tu viaje especial, ya que, al menos personalmente, los viajes tratan más de aprender que de enseñar. Además, solo tú decides cómo quieres repartir tu tiempo y a qué ritmo quieres viajar 😉 

 

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