En la anterior entrada, Israel escribió acerca de sus impresiones sobre el país Nipón, tras nuestro viaje de más de 40 días por este país. Después de publicarla, hemos pensado que podría ser interesante comparar las sensaciones y pensamientos de Israel, que viajó a Japón por primera vez, con las que yo sentí. Como algunos ya sabéis, yo pasé mis primeros 13 años allí, así que no tengo los ojos de alguien que visita este país por primera vez. Hay muchas cosas que ya no me sorprenden o que ni siquiera me doy cuenta de ellas, en cambio, mi atención quizás se fijara en otros aspectos. Además, tengo una visión comparativa de lo que era o pensaba que era Japón cuando era pequeña, y lo que es en estos momentos. Tras reflexionar sobre lo que viví en nuestro viaje, estas son las impresiones que me gustaría destacar:

1. El calentamiento global

El verano de Japón es caluroso. Como sabéis, esto se debe en gran parte a la enorme cantidad de humedad que llena el ambiente durante los meses del verano. Este tipo de calor es opuesto al que estamos acostumbrados nosotros, que vivimos en el interior, donde el calor es muy seco. Así que íbamos bien mentalizados de que pasaríamos mucho calor y sudaríamos mucho en nuestro viaje, o eso creíamos. 

Me acuerdo que, cuando era pequeña, la temperatura “normal” en verano era de unos 28 grados, y solo en los días más calurosos hacía más de 30 grados. De hecho, yo solía explicar a mis amigos que “la temperatura no era tan alta como aquí pero había mucha humedad”. Pero, señores, el calentamiento global es real, aunque algunos políticos quieran hacernos pensar que no. Durante nuestro viaje, hubo muchos días con una temperatura de 37 o 38 grados, e incluso algunos días de 40 grados. ¡Hacía la misma temperatura que en Zaragoza! ¿Os imagináis lo que supone la mezcla de estas temperaturas con una humedad de más del 80%? Es horrible, de verdad. Es salir de la ducha y, antes de secarte, estar sudando ya. 

Yo siempre he recomendado a la gente visitar Japón en primavera o en otoño, sobre todo, por la preciosidad de la naturaleza en esas épocas. Y ahora que he vivido los efectos del calentamiento global en el verano japonés, lo voy a escribir “gritando”: ¡EVITAD VIAJAR A JAPÓN EN VERANO! 

Atardecer en Tokyo

Atardecer en Tokyo

2. La belleza del estilo tradicional

Creo que uno de los grandes atractivos de Japón es la convivencia de lo moderno y lo tradicional. Igual que los rascacielos y los templos centenarios pueden ser perfectamente vecinos, las técnicas más avanzadas y los estilos más modernos  no sustituyen las tradiciones, sino que las complementan. 

En esta era de la globalización, me da la sensación de que las tradiciones de cada cultura se están perdiendo. Por ejemplo, la ropa. En Europa, no hay mucha diferencia entre la ropa que se lleva en un país y en otro. Y, aunque cada cultura suele tener su traje tradicional y la gente se suela vestir con él en algunas fechas especiales, no se incluye en su vida diaria. 

En Japón, por lo general, también se lleva una ropa parecida a la que hay en Europa, sin embargo, sí que se nota un mayor presencia de tejidos tradicionales en las prendas actuales. E, incluso, hay algunas prendas tradicionales que se siguen utilizando de manera más normalizada: los kimonos en las celebraciones o los jimbe para estar por casa. 

Aparte de la ropa, existen otros numerosos productos que mantienen su estilo de siempre a pesar del paso del tiempo: los edificios, las vajillas, los abanicos, los accesorios, la cocina, el papel… Y, en general, en la manera de hacer muchas cosas se conserva la tradición, en vez de sustituirla por lo nuevo, lo cómodo o lo rápido.

Este espíritu generalizado de querer mantener las tradiciones es una de las mayores joyas de Japón.

Calle en Kyoto

Calle en Kyoto

 

3. Ver no es suficiente

En realidad, este pensamiento me lleva rondando por la cabeza desde hace años y en otros viajes que he hecho, y no es exclusivo de Japón. Cuando visito un lugar o una cultura diferente, no me quedo satisfecha con solo “ver”, sino que me entran ganas de “hacer”. Me explico:

El verano pasado, viajamos en furgoneta hasta Escocia. Aunque viajar en furgo era algo que teníamos muchas ganas de hacer, nos dio la sensación de que el turismo que hacíamos era bastante pasivo.  Visitamos ciudades, pueblos, iglesias, calles bonitas, paisajes impresionantes… Nos gustaba lo que veíamos, pero nos faltaba un poco de acción. Por eso, cuando hicimos cicloturismo en las Highlands durante unos días, nos encantó. Fue como sentir un aire fresco. 

Sabíamos que en Japón no íbamos a poder hacer cicloturismo (al menos esta vez ;)), pero había otras maneras de “hacer” y no solo “ver”. A mí, personalmente, me encanta crear cosas con mis  manos, como las manualidades o la costura. Y como os he comentado en el punto anterior, en Japón hay muchas técnicas artesanales que se siguen utilizando y que me parecen chulísimas. Y lo mejor es que hay muchos sitios que organizan clases y talleres de alguna de estas técnicas, vamos, un paraíso para los amantes de los DIYs como yo. 

Nosotros, en esta ocasión, elegimos la cerámica. El día que visitamos Kawagoe, nos apuntamos a una clase para crear un cuenco personalizado cada uno. Utilizando un torno, fuimos dando forma a la arcilla hasta que nos quedamos satisfechos. Aún no tenemos entre nuestras manos los cuencos terminados (nos los han estado cociendo en su horno), pero ¡no podemos esperar a comer arroz con ellos! 

Aunque en Japón hay muchísimas cosas que ver, es una pena quedarse solo con eso. Me parece muy enriquecedor aprender técnicas artesanales de la rica cultura nipona, además de ser muy divertido 😉

4. La distancia social en Japón

Como todos sabéis, en Japón, la “distancia social” es mayor que en España. No se dan besos ni abrazos al conocer a alguien nuevo. Yo, aunque me sé esta norma social de sobra, ya me he acostumbrado a la manera española de saludar después de tantos años. Y el “problema” no es cuando conoces a alguien nuevo, sino cuando se trata de familiares o amigos de la infancia.

Cuando vi a mi abuela después de 5 años o cuando me reencontré con amigas de la infancia, sentí ganas de abrazarlas. Pero mi cabeza, que tiene esta norma social bien interiorizada, dijo: ¡para! Y lo mismo para las despedidas. No sabía cuánto iba a tardar en volver a verlas, si es que las volvía a ver algún día, pero solo “podía” decirles un hasta pronto. 

No estoy diciendo que una cosa sea mejor que otra, simplemente son maneras diferentes de hacer y expresar las cosas. Pero es curioso cómo un gesto que era lo más natural cuando era pequeña, ahora se ha convertido en algo distinto. 

La distancia social en Japón

Cruce de personas en Shinjuku

5. Oh… ¡la comida!

Sí, Israel ya habló de la comida en su anterior post, pero es que estoy enamorada de la comida de Japón (y mira que en España también se come muy bien). Hay una variedad infinita de platos, y me quedé con las ganas de comer algunos de ellos en nuestro viaje. Y lo peor es que, aunque algunas cosas sí que se pueden cocinar en casa, otras no. Hay ingredientes que no se pueden conseguir aquí y no me queda más remedio que esperar unos años para poder disfrutar de su sabor. ¡Ay, que ya estoy salivando! 😛 

Sashimi

Kaisen-don

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¿Qué os ha parecido la comparativa de una persona que visita Japón por primera vez y otra que vuelve después de muchos años? ¿Cuáles fueron tus impresiones al visitarlo? Déjanos un comentario 😉